viernes, 7 de enero de 2011

Desahogar el corazón.

Me han quitado las sábanas. Las sábanas verdes que tenían tu olor ya no están.
Sigo durmiendo en tu cama, pero ya no te siento como antes. Aunque te oí respirar anoche, te oí, estoy segura de que fuiste tú el que respiraba. Al igual que en mitad de la soledad del salón te oí ir al baño con tu bastón de madera. Lo tengo al lado, tengo al lado tu bastón y no puedo dejar de mirarlo. Estoy segura de que él también te echa de menos.
No quiero hacer vida normal. No quiero porque no va a ser normal. ¿Cómo va a ser normal sin ti? ¿Quién me recibirá cuando llegue del instituto, sentado en la parte derecha del sofá? ¿Cómo voy a poder vivir normal sin poder poner tu cubierto y tu vaso en la mesa? ¿Cómo va a ser mi vida normal cuando vea tu bastón solitario apoyado en un rincón sin que nadie lo utilice? ¿Qué voy a pensar cuando vea un plato de puré de verduras? ¿Cómo voy a reaccionar cuando, antes de quedarme dormida susurre "abu" inconscientemente como sucedió anoche? ¿Voy a llorar cada vez que vea un hombre de tu edad en misa como hice ayer? ¿Esto es vida normal? ¿O sólo a alcanzaré cuando me olvide de tu existencia? ¿Alguien piensa de verdad que yo quiero eso? ¿No es más lógico preferir el sufrimiento al olvido?

A esto, papá, a esto se le suma la soledad a la que me han sometido mis propios amigos. Tú conoces a muchos de los que me están ofreciendo su indiferencia y te sorprenderían, sé que te sorprenderían. Los del pueblo son los que mejor se portan. Te gustaría ver cómo me distraen, los conoces a todos muy bien, muchos son primos terceros o cuartos. Sonreirías al verlo, papá.
Me siento estúpida al escribir todo esto pero me alivia tantísimo que aguanto más tiempo sin llorar delante de mamá. Sé que no la gusta verme llorar y si me ve, llora ella también. Y ella es parte de ti. Y te echa mucho de menos.
Te echa de menos tanto como yo.

Desahogar el alma.

“No sé por qué hay que dejar de querer a una persona
sólo porque se ha muerto.

Sobre todo si era cien veces mejor
que los que siguen viviendo”

Porque eras el mejor. El mejor de todos. Porque todos estuvieron allí, abuelo, todos. En el pueblo. Todos lloraron, todos. Mis amigos lloraron también, mis tres amigos allí, abrazándome, lloraban. Lloraban. El vecino que no habla con nadie, salió de casa y me abrazó y abrazó a mamá, mi abuela. Vino gente de muy lejos. Vino la mujer de tu hermano con cáncer, vino en sus últimos días para decirte adiós.

Porque todos te quieren, porque te hacías querer como nadie. Pero te juro por lo más sagrado, que también eres tú, que nadie absolutamente nadie te quiere más que yo, quizá mamá igual, pero no más que yo. Porque la gente lo sabe, la gente del pueblo, la familia, la gente que de verdad me conoce saben que tú y yo eramos especiales. Saben que siempre estuvimos más unidos que nadie. Los dos juntos siempre.

Y lo peor de todo es que pienso que en cualquier momento te veré cruzar la cocina para ir al baño, que en cualquier momento me llamarás para que te ponga la tele. Pero he sido yo la que te ha visto respirar por última vez con el ceño fruncido. Con el ceño, fruncido como nací yo y estabas tú mirándome y sonriendo. Desde entonces no te separaste de mí, me has criado y te he llamado papá porque padre es el que cría, no el que aporta el espermatozoide.
Y cuando creo que esto no se va a acabar nunca, encuentro tu boina, veo tu cama, tu lado del sofá, tu almohada, tus camisas, tu foto en mi habitación, huelo tu olor en las sábanas, me tropiezo con tu andador, con tus muletas o con tu silla de ruedas y lloro, joder, porque esto va a ser imposible y no puedo hablarlo con nadie porque me da una pena horrible porque se me parte el corazón, porque la gente que está dispuesta a escucharme o también sufre por ello o sufre por verme llorar. Y sólo me queda escribir y escribir, escribir para desahogar mi dolor y mi pena.
Es que joder, ahora me doy cuenta de que todos mis antiguos problemas, de todos los vuestros, son una suma tontería. Sudo de los exs, sudo de los malos días, sudo de las movidas con tus amigas y sudo de todo lo demás, porque eso no es importante, es una puta chorrada que no se compara con un dolor tan grande, que es una tontería llorar por eso o sufrir, que eso no es nada, que por mucho que te traten mal, por mucho que sufras no hay nada como esto, no lo hay joder, no lo hay.

Y sé que nadie va a leer esto. Lo sé. Porque a nadie le interesa mi dolor, al igual que nadie sabe que decirme y al igual se callan. Tanto silencio me mata, silencio que crece como un cáncer. No quiero más lo siento, ni más te acompaño en el sentimiento. Estoy harta de mentiras. Harta. Harta de vomitar y de tener frío. Harta de que me duela la cabeza de pasar el día llorando. Harta de llorar sin que nadie me abrace. Porque eras tú el que siempre me abrazaba cuando lloraba, nadie lo hacía como tú. Nadie. Y te echo tanto de menos, joder, tantísimo. Y sólo han pasado tres días y es que sin ti no soy nada.
Nada, joder, nada.



http://www.youtube.com/v/ZYfVgdy9Deo
Te quiero más que a nada, me da igual donde estés, te quiero y te voy a querer hasta el final de mi vida.

miércoles, 5 de enero de 2011

Día de reyes.

Lo mismo que pasó el día que te fuiste, en año nuevo, pasará mañana. Mañana, día de reyes.
Días de fiesta, días de felicidad, días de familia. Y yo no tengo ninguna de las tres.
Lo que más duele es saber que en la casa de al lado, en la de enfrente y en la mayoría de las casas del país hay gente celebrando, feliz. Mientras, yo estaré aquí y sobra decir como estaré.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

El primero.

Salía del colegio y ahí estabas. El primero. El primerísimo. Con una hora de antelación, llegabas en tu pequeño coche rojo y aparcabas en el primer sitio. "Para que no nos cansáramos de andar" decías. 10 años viéndote el primero, son muchos años. Muchos pero no los suficientes. 16 años contigo desde el primer día en que abrí los ojos son muchos, muchos pero no los suficientes.

Te quiero, abuelo. Te quiero papá.

Desayuno.

5 años.

-¡Papá! ¡Dame choricho!

Y los dos, sentados en taburetes de madera, en la mesa del mantel de cuadros amarillos y blancos, comíamos pan con tomate y chorizo. Día tras día.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

Nuestra vaca lechera.

El día anterior a tu partida.

-¡Abuelo! Tengo una vaca lechera...
-...No es una vaca lechera.
-¡Abu! ¡Que no! ¡¿Cómo no va a ser lechera?!
-...No es una vaca cualquiera.
-¡Tolón, tolón!
-Tolón, tolón.

Tu voz era apenas un susurro de dolor.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

Un mantecado para otro mantecado.

Me hace sonreír y llorar a la vez.
Tu sentado en tu lado del sofá. Yo recogiendo la cena.
-Abuelo, ¿quieres un mantecado?
-Trae uno.
-Un mantecado para otro mantecado.

Últimamente ya no querías mantecados.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

Soledad.

Abuelo, ya tengo suficiente con que tú no estés conmigo. ¿Por qué la gente ya no me habla? No saben que decir, les da igual. Pero tengo miedo. Tengo miedo de estar sola. No quiero estar sola.
Sólo tengo a tres personas, papá. Solo a tres. Sólo esas tres se atreven a hablarme, sólo esas tres mantienen conversación conmigo. ¿Es tan difícil? ¿Es tan díficil hablar? No necesito nada, necesito palabras que aporten normalidad a esta situación. Y nadie me habla. Y me siento sola. ¿Dónde están aquellos que decían ser mis amigos? Sólo tú eras mi amigo, papá, sólo tú me entendías.
Las heridas están abiertas y nadie quiere curarlas.

Pablo, Paula, Jose.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

Mamá.

Papá, mamá te echa de menos. Tu mujer te echa de menos. Te echa de menos tanto como yo, pero no más. Porque, como ya la he dicho, a pesar de ser ella la que ha compartido más años contigo, es imposible que alguien te quiera más que yo.
Mamá es el pilar que me sostiene. Mamá, la abuela, otra como tú. Si os hubierais ido los dos, no podría no haberme ido con vosotros. Pero está ella, papá. Y aunque también tengo infinitas ganas de irme contigo, está ella. Ella es como tú, ella también se ha volcado, ella es un trocito de ti al que me voy a aferrar con todas mis fuerzas. Porque te quiero, porque la quiero. Porque ambos siempre habeis sido la razón de mi sonrisa. Y aunque ahora, sin ti, solo me sale una media sonrisa más parecida a una mueca de dolor que a una sonrisa en sí, me aferraré a ella, me aferraré a mi media sonrisa, me aferraré a la abuela. Por ti, por ella, por los tres.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

El silencio, como un cáncer, crece.

-Ya me he enterado. Lo siento.
-Gracias.

Nadie es capaz de decir más, abuelo. Nadie. Nadie entiende lo que supone para mí todo esto. Nadie lo entiende. Quizá mamá lo entienda, quizá mi otra mamá también. Lo que nadie entiende, papá, es que tu seas un padre para mí. Nadie entiende que solamente dejé de llamarte papá para no ofender al biológico. Nadie entiende que en realidad, aunque te llame abuelo, eso esconde el amor más grande que jamás nadie haya sentido. El amor de alguien que aunque no tenía obligación de criarte y de quererte, lo ha hecho. De alguien que se ha volcado, de alguien que se ha implicado hasta tal punto que ya no vivía para otra cosa. Nadie entiende nuestra relación, nadie la entiende porque era especial, era única.

Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.

Sábanas hechas de tu olor.

Hoy he dormido en tu cama. En tu cama de verdes sábanas impregnadas por tu olor. Abuelo, ¿No pasas frío cuando duermes ahí? No tienes manta, sólo sábanas sábanas verdes. He querido gritar en medio de la noche cuando oí que mamá estaba en la cocina. Sólo quería mantas, mantas verdes. Pero de mi boca no salió ni un suspiro y de mis piernas ni un solo movimento. También sentí ganas de ir al baño, como las sientes tú tantas veces por la noche. Pero yo no soy valiente como tú y mi fuerza de voluntad no es comparable con la tuya. Por eso, permanecí quieta, con los ojos cerrados y en apariencia dormida pero incómoda por dentro. Quizá, abuelo, quizá lo que pasaba es que no quería separarme de tu olor, no quería separarme ni durante dos minutos. Porque temo que un algún día al acostarme en tu cama, las sábanas ya no sean verdes como la última vez que tú dormiste en ellas, que sean otras distintas y no estén hechas de tu olor.
Te quiero, abuelo. Te quiero, papá.